Que nos dejen soñar

 

 

“El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca.” –Víctor Ruiz Iriarte (1912 -1982)

Vítor Borba Ferreira Gómez. Mejor conocido como Rivaldo. Inolvidable su paso por la selección brasileña así como con el Deportivo la Coruña, pero sobre todo inolvidables sus cinco temporadas vistiendo la camiseta del FC Barcelona. Era (sigue jugando en la liga de Angola pero creo que el uso del pasado para hablar de su carrera es más correcto) un jugador diferente, capaz de cambiar el rumbo de un partido con una sola jugada. Llenos sus 185 centímetros de magia, era alumno distinguido de la escuela brasileña de la finta y la picardía. Demasiado alto para las cosas que hacía con los pies, desafiaba la concepción del delantero alto pero algo torpe.

Mi devoción por Rivaldo empezó desde la temporada de su fichaje en 1997-1998, año en el que llegó junto con Louis Van Gaal para reconquistar la Liga e intentar hacernos olvidar a Ronaldo. Que no nos acordáramos de El Fenómeno era prácticamente imposible, porque el verdadero Ronaldo era una fuerza de la naturaleza y dejó un vacío gigante a pesar de solo estar un año, pero lo que Vítor Borba si consiguió desde el principio fue meterse en los corazones culés. Al menos en el mío. En su primer año consiguió 19 goles en 34 partidos jugados de Liga con los que quedó en segundo lugar del Pichichi (¡Qué tiempos aquellos!, Vieri ganó ese año el trofeo a máximo goleador anotando 24 goles. La temporada pasada Messi lo ganó con 50) y fue clave para que el Barҫa ganara doblete de Liga y Copa.

Rivaldo duró cinco temporadas en el Barcelona en las que se volvió una leyenda del club haciendo cosas increíbles como éste gol de media cancha al Atlético  o ésta jugada contra el Deportivo  o el partido contra el Madrid en el que anotó dos goles y sólo el árbitro le impidió hacer hat trick al anularle el tercero (injustamente). En fin, RIVALDO, así con mayúsculas.

Yo ya era un fanático consumado de este espigado brasileño, cuando vino el famosísimo partido a vida o muerte contra el Valencia en 2000-2001 (increíble, otra vez qué tiempos aquéllos. El Barcelona peleaba hasta el último minuto quedar cuarto lugar en la tabla. ¡Cuarto! ) y el hat trick que hizo, poniendo la cereza en el pastel a su estancia en la Ciudad Condal con ésta joya de gol que siempre será recordada. (no tienen desperdicio dos cosas de ese video además del gol. Ver en el segundo 9 a Gaspart festejando  cómo si Rivaldo acabara de consumar la independencia catalana y el ver a un mini Puyol peleando la tarjeta amarilla en pleno festejo al segundo 38).

En ese momento, Rivaldo era invencible y todos lo imaginábamos entrando a la historia blaugrana como uno de los más grandes, luchando por ser el más. Por supuesto no fue así, el aficionado sueña pero la directiva dispone. Sólo duró un año más en el equipo gracias a su viejo pleito con Van Gaal, que cuando regresó a dirigir al primer equipo (increíble Sr. Gaspart, increíble) decidió no contar con el buen Vítor que tuvo que emigrar al Milán.

Fue devastador verlo irse así y ese año, durante el Mundial (Japón-Corea 2002) me dispuse a ver a Rivaldo avanzar de fases con lágrima en el ojo pensando en lo que ya no iba a ser. Entonces sucedió esa maldita jugada. Brasil va ganando su partido inaugural 2-1 contra Turquía, un juego que ha sido mucho más complicado para los sudamericanos de lo que se hubieran imaginado y en el que con goles de Ronaldo y Rivaldo tuvieron que remontar el tanto inicial de Hasan Sas. Es el minuto 94 y Rivaldo está retrasando el juego en un córner. Vítor no quiere saber nada de la pelota y manos en las rodillas descansa tranquilo. Hakan Unsal intenta apurar el saque de esquina y patea el balón hacia Rivaldo para conminarlo a lanzarlo de una vez por todas. El balón golpea a Vítor en la rodilla, pasa un segundo extraño y de pronto Rivaldo, el Rivaldo de los golazos, el Rivaldo que parecía jugaba con Chistera y capa, ese Rivaldo que portaba el mítico 10 verdeamarhela se desploma tomándose la cara.

En tan alta estima lo tenía yo que lo primero que pensé es que el turco ese se había pasado con el balonazo que le había dado en la cara y prácticamente festejé la tarjeta roja que le mostró el terriblemente engañado árbitro. Entonces muestran la repetición y pude ver lo que realmente había sucedido. Recuerdo haber sentido una especie de puñetazo en el estómago. Repetición tras repetición lo mostraban clarísimo: El balón le da en la rodilla y Rivaldo sólo estaba haciendo el idiota para que expulsaran al turco. Nunca lo pude volver a ver igual. Engañó al árbitro, si sin duda. Pero también me engañó a mí, el espectador, su fan e incondicional. Me robó del soñar que mi héroe nunca me iba a engañar. Nunca se lo pude perdonar.

Viene esto a colación por el “cabezazo” de Medel a Fábregas. Podemos repetirnos lo que queramos. Que Medel no tiene por qué hacer ese movimiento anti natural de la cabeza al acercarse a Cesc, que si la frente del rival toca la cara del otro es roja, que Medel se equivoca (sin duda) al caer en el truco de Fábregas. Podemos decirnos lo que queramos, pero la realidad es que Cesc Fábregas exagera la jugada para buscar la expulsión del jugador del Sevilla. A mí aún así ni siquiera me parece de roja. Si me apuran ni de amarilla aunque tal vez lo más justo hubiera sido una preventiva a los dos para que no vuelvan a encararse así. Pero Fábregas engañó al árbitro y al final cambió el rumbo del partido. Si el Barcelona merecía más o no en ese momento no está a discusión, la exageración de una jugada para conseguir beneficios es el problema. Sobre todo porque es un tema que se ha vuelto recurrente.

Esos fingimientos y exageraciones impactan en la imagen del equipo y tienen que parar. Pocas cosas me desesperan tanto como ver los últimos partidos de los blaugranas y ver como cada vez que un defensor se acerca lo más mínimo a Alexis, éste rueda por los suelos como conectado por una flecha invisible. No está bien. En un equipo en el que nos preciamos de competir como hombres de bien (el detalle de esperar a que el Madrid haya recogido tanto Copa del Rey como Supercopa en sus narices no lo podemos pasar por alto, es admirable y más aún considerando la actitud cuando las cosas fueron al revés), en el que los valores dentro y fuera del campo son igual de importantes como el juego pulido y espectacular del equipo, en el que se habla de ser más que un club, no podemos permitir que esto siga.

Todos hemos visto las imágenes que son usadas para intentar desprestigiar a este equipo. Segio en el suelo asomándose entre los dedos para ver si el árbitro sacó tarjeta, Masche cayendo fulminado ante el acoso de los delanteros, Don Pedro estrellándose con el césped después de recibir una “falta”. Lo peor de esas imágenes es que existen. Son contundentes y aunque no desprestigian lo que han hecho estos jugadores (nada lo podría hacer ya, como bien les dijo Guardiola, son eternos), si dejan un muy mal sabor de boca a los aficionados.

Entiendo que hay más explicación a que sólo son piscineros (con los demás, con Alexis de verdad urge que alguien hable, prácticamente es parte de su juego). Las constantes faltas que reciben y el poco castigo que normalmente conllevan éstas a ojos de los árbitros puede desesperar al que sea y supongo empuja a que los jugadores exageren cualquier cosa buscando que sean castigados con más severidad quienes llevan básicamente torturándolos durante todo el juego. Pero otra vez los estoy excusando. No. No tiene paliativo. Esas actitudes no caben en la cancha cuando juega este equipo ya legendario.

¿Cómo lograr hacerlo? Fíjense en Xavi. (Creo que ese el mejor consejo para lo que sea en el futbol. ¿Cómo juego? Fíjate en Xavi. ¿Cómo se da un pase correcto? Fíjate en Xavi. ¿Cómo se es un líder? Fíjate en Xavi ¿Cómo se anota un gol? Fíjate en Messi. Bueno, al rey lo que es del rey ¿no?).

Xavi no exagera. Xavi no rueda por los suelos. Xavi no dramatiza buscando la tarjeta para el rival. No. Xavi juega. Él se dedica a jugar (además lo hace como los dioses pero eso es otra historia). Reclama y mucho, pero no finge. Juega. Eso es lo que debe hacer este equipo. Jugar. Jugar. Jugar. Es lo que saben hacer, es lo que mejor hacen. Jugar. Dejar los clavados y las “caídas” para los demás, que sean ellos los que se tengan que avergonzar de verse buscando ayudas a terceros, engañando. Que las imágenes no se conviertan en una condena perpetua una vez terminado el partido. Que la victoria sea impoluta, que la derrota no cargue un lastre añadido.

Sólo eso pido. Que nos sigan dejando soñar. Soñar con que no nos engañarán nunca. Nada más les puedo pedir a los jugadores de este magnífico equipo que tanta alegría nos ha dado. Déjenos soñar con que este conjunto será eterno en la memoria de quien tuvimos el privilegio de verlo y que cuando veamos para atrás tengamos la tranquilidad de que nunca traicionaron su propio legado. Déjenos soñar. Sólo eso, déjenos soñar con que no nos engañarán nunca.

 

 Lamentable

No tiene nada que ver, pero leí una de las peores declaraciones que he leído en mi vida, esto no debe de ser el futbol:

 “Kaká nos ha hecho ganar mucho dinero en el club… Es un jugador que desde el punto de vista económico nos ha salido bastante bien.” – Florentino Pérez

Pobre Kaká. Pobre Madrid. Pobre Futbol.

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