Querido Eric

 

La fuerza no proviene de la capacidad física sino de una voluntad indomable. –Mahatma Gandhi

Eric,

Ayer vi unas imágenes en las que sales corriendo con el preparador físico Emili Ricart (Una estatua para este señor, por favor) y en la nota decía que ya estás preparando tu regreso. Después vi un video en el que hablas de lo mucho que pensabas en volver a tocar la pelota y como poco a poco vas recuperándote y ya piensas en volver a jugar. Te confieso que vi varias veces el video y además de que me reí cada vez que escuché tu broma sobre tu propio talento, no podía dejar de sonreír al verte tan recuperado.

No tengo que recordártelo, lo sabes mejor que nadie obviamente, pero a lo largo de tu carrera has ganado seis ligas (tres de Francia y tres de España), dos copas en España y cuatro Supercopas,  tres en España y una en tu país. También has ganado pares de Ligas de Campeones, Supercopas de Europa y Mundiales de Clubes. Jugaste una final de un Mundial de Futbol. Has anotado pocos goles a lo largo de tu carrera, tres me parece, pero has escogido estadios como San Mamés y el Bernabéu para hacerlo. Así eres. Sólo piensas en grande.

Alto, rápido y engañosamente muy técnico en tu juego, aunque lo que más se destaca es tu fuerza. Eres fuerte. Muy fuerte. Superhumanamente fuerte. Tu corazón no entiende de límites ni de tiempos ni de prohibiciones, sólo sabe seguir adelante, librar batallas y ganarlas. Emociona verte jugar por la intensidad, el deseo, las ganas, el empeño, la convicción con la que lo haces. Emociona. Mucho.

Quiero decirte, aunque también lo sabes ya, que has tenido una carrera buena. Mónaco-Lille-Lyon-Barcelona. Buenos equipos en los que conquistaste algunos logros, pero hoy me quiero enfocar en tu paso por el equipo de mis amores, la camiseta blaugrana del equipo que es más que un club. Tus inicios en Can Barҫa no fueron fáciles, llegaste en junio del 2007 y tenías la misión de reemplazar a un ídolo de la grada, el llamado Héroe de París, Juliano Belletti. ¿Te digo la verdad? Había muchos que no entendíamos porque se tenía que ir el jugador que con su gol nos había dado la segunda Copa de Europa de nuestra historia. Por edad nos dijeron, pero sentíamos que lo traicionábamos al dejarlo ir y te veíamos con escepticismo al ser el reemplazo. Sobra decir que nos demostraste que estábamos equivocados. No sería la última vez.

Para empeorar la situación, llegaste al equipo después de una temporada en la que se había colapsado todo lo construido por el bueno de Rijkaard y se había perdido la liga con el Madrid de manera increíble. El reto era enorme, pero ese equipo ya no tenía dentro de sí la fuerza para continuar juntos ganando. Jugaste bien, aunque la verdad es que los reflectores no estaban en ti, más bien seguían sin misericordia y buscando sangre, a los tres ídolos que parecían haber perdido el camino, el sonriente Gaúcho, el león de la boca indomable y el portugués de Sao Paulo con cara de niño travieso. En la Champions llegamos lejos pero el sueño se congeló en el frío de Manchester. En la Liga, desastre con goleada en contra en el Bernabéu incluida. Tu cara a la hora de hacerle el pasillo de honor a los campeones no tuvo precio. No aplaudiste, que estuvo mal porque no hay nada de malo en honrar al justo ganador, pero ahí mismo te ganaste el corazón de muchos aficionados blaugranas. Al menos el mío.

Empezó la temporada 2008 – 2009 y con ella el comienzo de un nueva era para todos. Llegó un hombre de casa. Ganador. Luchador. Soñador. No me sorprende que hayan congeniado desde el primer minuto. Esa temporada fue tan extraña como mágica. Dudas en los primeros dos partidos y de ahí el equipo mejorando cada día, siempre jugando, tocando y tocando, conociéndose, reencontrándose y básicamente aplastando a quien se les ponía enfrente. El famosísimo 2-6 en el campo más odiado de todos fue el fiel reflejo de lo que habían conseguido. El término Venganza quizá es demasiado frívolo y furioso para describir lo que sentimos todos tras ese partido. Me gusta más Redención. No me puedo imaginar lo que sintieron ustedes.

Antes había caído ya la copa y aunque no participaste en la final de Mestalla y tampoco jugaste mucho en ese torneo ya tenías dos títulos en la bolsa. En la semifinal de la Liga de Campeones, sufrimos todos en Stamford Bridge. Primero gracias a ti, ya que tu expulsión (que no era, cómo se les olvida este detalle a los obsesos de aquél árbitro) complicaba un partido que no permitía más complicaciones. Sufrimos por ti hasta que llegó el  zapatazo mágico de tu amigo de Fuentealbilla y entonces todos sufrimos contigo. El Barcelona iba rumbo a Roma y tú no ibas a poder estar en la famosa cancha Olímpica gracias a la suspensión automática de un partido.

Ganaron. Ese trofeo y todo lo que se les puso enfrente ese año. Arrasaban. Hubo cambios en el equipo pero tú te mantuviste en tu banda (aunque a veces te reconvertían en central, al parecer el hobby favorito de este equipo y estos entrenadores) inamovible. Empezó en internet y en las redes sociales el chacoteo para que metieras tu primer gol como balugrana y éste tardaría todavía un poco en llegar. Casi un año y medio para ser exactos, pero llegó. El 5 de enero de 2011 en los octavos de final de la Copa del Rey y en el mítico estadio del Athletic de Bilbao, San Mamés, llegó. Bonito escenario escogiste para el estreno y tu gol a la postre sería el que calificó al equipo a la siguiente ronda.

Todo marchaba sobre ruedas. El equipo no paraba de ganar y tú estabas más que consolidado en el once titular. No solo eras básico, eras indispensable. Entonces sucedió.

John Lennon decía que la vida es eso que sucede mientras estamos ocupados haciendo otros planes. Maldita sea. El 15 de marzo el club le informa al mundo que se te había detectado un tumor en el hígado. Dentro de todo el comunicado en algún momento mencionaron que te perdías el resto de la temporada. A quien le podía importar eso. Temimos por ti Eric. El mundo entero del futbol se volcó contigo a través de las redes sociales y de mensajes antes de los partidos. Tú, estoico como siempre, declaraste poco y casi nada. Volveré. Te queríamos creer pero era difícil, muy difícil. Nos impresionaron casi a las lágrimas las declaraciones de tus compañeros cuando con cara compungida comentaban que increíblemente eras tú quien los habías animado a ellos, que te veían entero, prácticamente alegre.

Me sentí destrozado. Como si te conocieras (¿la verdad? Siento que lo hago, ¿qué quieres que te diga?, así es esto.), como si fueras mi amigo o parte de mi familia. Me entristecí al ver las camisas en tu honor (la cara de tu buen amigo Keita al mostrar la suya era desgarradora) y alguna lágrima bailó en mis ojos cuando te dedicaron goles.

¿Te puedo confesar algo?

Creo que lo sabes mejor que nadie. En ese momento pensé que no te iba a volver a ver en el rectángulo mágico. Lo pensamos yo y miles y miles de aficionados en el mundo. La tristeza que sentía era por ti y por la maldita suerte de que tuvieras esa enfermedad pero egoístamente también por mí y la falta que me ibas a hacer en esa banda izquierda tan tuya. Lo siento.

Poco más de un mes después apareció la noticia de que ya estabas entrenando y desde luego nadie lo podía creer. Parecías algo más delgado pero es probable que sólo era el efecto de la incredulidad disipándose. Finalmente, el 2 de mayo de ese año y en el mejor marco posible, contra el Madrid en el Camp Nou, volviste. Volviste a las canchas Eric tan sólo un mes y medio después del anuncio oficial. El recuerdo de la ovación del Estadi me sigue enchinando la piel a más de dos años de distancia. Me imagino lo que te hace a ti.

Veintitantos días después de eso, jugaste toda la final de la Liga de Campeones (tu ausencia en Roma era preludio a esto) y fuiste parte de la destrucción del Manchester. Al acabar el juego, Xavi le dio el gafete de capitán a Puyol, que había visto el partido desde la banca, para que fuera él quien levantara la copa. El histórico número 5 sin dudarlo un instante se volvió contigo y te lo coloco en el brazo para que fueras tú, grandísimo Abidal, quien los guiara a recoger esa preciosa y elusiva orejona que volvía a ser de ustedes.

Eric, tengo que hacer una pausa aquí. Me da un poco de miedo sonar ridículo en este momento y te pido perdón por adelantado. Mira, debes saber que he llorado sonriendo las cuatro ocasiones en que mi Barcelona ha levantado esa copa tan bonita, pero el 28 de mayo de 2011 y tengo a mi esposa de testigo, mis lágrimas no eran por la felicidad de tener cuatro de esos trofeos. No, iban dirigidas a ti. Gracias por tu valor, gracias por tu fuerza. Gracias por darnos un testimonio irrefutable de que las excusas diarias que nos damos para no cumplir nuestros sueños son absurdas (y son sólo eso, excusas) ante las desgracias que nos podrían suceder. Ahí estabas tú, que lo expertos decían no volverías, gritando a todo pulmón con la copa en lo más alto en el brumoso aire londinense. No te quiero platicar lo que después me hizo en el corazón, el estómago y los ojos el abrazo que te diste con Guardiola y que por suerte para el mundo las siempre indiscretas cámaras no se perdieron. La garganta me aprieta un poco sólo de recordarlo.

Un año después y como una maldita conmemoración del anuncio de tu tumor, el 15 de marzo de 2012 se nos comunicó que te intervendrían para hacerte un trasplante de hígado. Ya no te veríamos en la cancha. Esa temporada y obviamente nunca más. Nos mostraron imágenes de una fiesta en la que aparecías feliz junto con tu primo que fungió de donador. Tus compañeros nuevamente hacían que nos estremeciéramos con las historias de tu fuerza y tu mentalidad a prueba de todo. Estuvimos pendientes de tu operación, que en este mundo tan globalizado y conectado pudimos seguir prácticamente minuto a minuto. Nos aliviamos de que todo estaba bien, que podrías seguir luchando en la vida.

Sólo que esta vez Eric, todos sabíamos que no volverías. Todos sabíamos que el espigado número 22 no reaparecería para hacer suya la banda izquierda del Camp Nou. Todos sabíamos que la imagen de ti festejando tu gol (¡golazo!) en el Santiago Bernabéu era la última estampa que del Eric Abidal futbolista tendríamos. Cuando te registraron en el equipo para esta temporada todos sabíamos que era a manera de homenaje. No había manera de que pudieras volver. Todos lo sabíamos.

Todos menos tú. Vuelvo a las imágenes que vi de tus ejercicios. Estás entero, estas saludable y ¡ya estás tocando pelota! Te ves fuerte. Te ves como siempre. Ahora se especula que regresas a las canchas en noviembre o tal vez diciembre. Tengo que repetirlo.  Vas a regresar a las canchas y es probable que sea este mismo año y puede ser que en un mes. Eric, Abi, gigante, vas a regresar a las canchas.

No puedo esperar. Estaré pendiente y me uniré a la ovación desde mi casa y mi particular Camp Nou que es mi sillón. Te veré aplaudir nervioso en la banda y darle la mano y seguramente un abrazo a quien reemplaces para entrar al terreno de juego. Estoy casi seguro que tendré los ojos humedecidos y las palmas de las manos rojas pero estoy absolutamente convencido que tendré una sonrisa de oreja a oreja cuando tu número 22 entre de vuelta a ese legendario césped.

¿Sabes? Tengo un hijo de dos años y paso mucho tiempo pensando en que es lo que le voy a contar de esta época maravillosa del Barcelona que no le va a haber tocado ver. Hay tanto que platicar. Es normal que le hable de Leo, de Xavi, del Capitán, de Henry y Etoo, de la delantera MVP, de Don Andrés, del gran Víctor, de Pep y del valiente Tito, de Cesc y Piqué, de Busi, de Alves y del gigante Mascherano, de Stamford y de Roma, de Yokohama, el Bernabéu y Wembley. En fin, le platicaré de todas las personas y momentos que han hecho mágicos estos años, pero creo que mi historia favorita, la que mas voy a disfrutar contarle cuando crezca y quizá sea una época de vacas flacas en la que el equipo no gane nada y él no entienda porque es que le vamos al FC Barcelona, la que me va a dar más ilusión relatarle va a ser ésta, tu historia, la leyenda del Gran Abidal.

Muchas gracias Eric y bienvenido de vuelta.

Nacho Bernal

One thought on “Querido Eric

  1. Excelente artículo que detona la pasión por el buen futbol y la calidad humana de sus jugadores. Con razón, es MAS QUE UN CLUB

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